lunes, 23 de junio de 2014

Siganus vulpinus


El pez conejo (Siganus vulpinus) 


Es un pez que pertenece a la familia siganidae.
Procede de climas tropicales (Indico y Pacífico). Puede llegar a medir 30 cm de longitud. Se alimenta de zooplancton y de algas.
Hay 2 subdivisiones de pez conejo, atendiendo a su hábitat, especies de arrecife (colores llamativos) y otros conocidos como "seagrass" muy similares entre sí, difíciles para su identificación.
. El temible pez conejo, la especie invasora más nociva del Mediterráneo oriental (Turquía, Grecia...), puede llegar al litoral español y causar enormes daños al ecosistema de la cuenca mediterránea occidental. Hasta la fecha, únicamente se han detectado ejemplares aislados en la cercana zona de Marsella, pero la investigadora Emma Cebrián, del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), advierte en una entrevista realizada estos días que "no hay que relajarse". Si llegan aquí no serán las algas invasoras las especies más perjudiciales (para el ecosistema)La gestión en la lucha contra las especies invasoras "es muy costosa" y, "en ocasiones" no se aplica aún pudiéndose hacer, sobre todo "cuando se habla de medio marino". "A nivel terrestre sí se intenta gestionar algo en España, en el marino no hay nada", subraya la científica. Actualmente, las algas invasoras suponen la principal amenaza para el Mediterráneo occidental, mientras que en la zona oriental son los peces conejo, que se caracterizan por su gran voracidad. Y, de momento, se concentran en las aguas calientes de Turquía y Grecia. "Si llegan aquí (añade Cebrián) no serán las algas invasoras las especies más perjudiciales (para el ecosistema), habrá que ir viéndolo. Me preocuparía que aumentara la distribución del pez conejo". 


Tras insistir en que "no hay que relajarse, porque pueden llegar cuando menos te esperas", la investigadora explica que el pez conejo posee la capacidad de acabar con la cubierta vegetal. Por lo tanto, su desaparición implicaría que los animales no tendrían algas con las que alimentarse, ni lugares donde desovar o espacios en los que los juveniles pudieran esconderse. En definitiva, en caso de llegar la amenaza, "rompen todo el ecosistema". Por otro lado, Emma Cebrián publicará en breve (en la revista Biological Invasions) los resultados de su último estudio sobre el impacto de las algas invasoras en la recuperación de sistemas ya agredidos por el cambio climático en la comunidad del coralígeno. El trabajo se ha desarrollado en el parque nacional de Port Cros y en el parque regional de Scandola (Francia), separados por cientos de kilómetros e invadidos por las algas de origen tropical Caulerpa racemosa y Womersleyella setacea, respectivamente. Allí, el equipo de Cebrián (formado también por investigadores de la Universidad de Barcelona, el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona y la Universidad de Marsella) observaron una alta mortalidad entre las gorgonias (coral en forma arbórea de alto valor estético) debido a eventos o "anomalías térmicas positivas". Es decir, se registró una subida de temperaturas, aunque Cebrián prefiere hablar de "anomalía" porque no se trata de un cambio climático registrado de forma gradual sino que "se ha reflejado con una mayor frecuencia de anomalías". Las gorgonias son corales blandos de crecimiento lento, afines a las aguas frías y que han registrado altas tasas de mortandad durante veranos "anormalmente calientes". El problema para su recuperación reside en que los ejemplares juveniles no consiguen prosperar, debido a que las algas invasoras "no les permiten asentarse, ni crecer y terminan ahogándoles". Por lo tanto, concluye Cebrián, la recuperación de estas poblaciones afectadas por el cambio climático es muchísimo más complicado si además afrontan la presencia de estas algas invasoras.


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